En el año 325 d.C. en la ciudad de Nicea (Bitinia), fue celebrado el primer Concilio Ecuménico para considerar como hacer frente a las herejías del Arrianismo y el Semi-arrianismo.
Estos errores negaban la deidad del Señor Jesucristo, a quien consideraban una creación anterior a la del mundo. El emperador Constantino trató de imponer la paz entre Arrio y sus seguidores y el resto de la cristiandad, de modo que convocó un concilio al que asistieron unos 300 obispos.
El credo que sale del Concilio de Nicea, expresa de forma clara la deidad de Jesucristo. Más tarde, para contrarrestar la herejía de los que negaban la deidad del Espíritu Santo, fueron agregadas unas palabras para asentar la verdad acerca de la Tercera Persona de la Trinidad.
EL CREDO NICENO
"Creo en Dios, el Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra y de todas las cosas visibles e invisibles.
Creo en un Señor Jesucristo, el Unigénito Hijo de Dios, nacido de su Padre antes de todos los mundos, Dios de Dios, Luz de Luz, el verdadero Dios del verdadero Dios, engendrado, no hecho; siendo de una misma sustancia con el Padre; por quien todas las cosas fueron hechas; quien por nosotros los humanos y por nuestra salvación bajó del cielo, y se encarnó por el Espíritu Santo en la Virgen María, y fue hecho hombre; fue crucificado también por nosotros bajo el poder de Poncio Pilato; sufrió la muerte y fue sepultado; al tercer día resucitó de acuerdo con las Escrituras; ascendió a los cielos; está sentado a la diestra del Padre; y vendrá otra vez con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos; cuyo reinado no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, el Señor y Dador de la vida, que procede del Padre y del Hijo; que es adorado y glorificado juntamente con el Padre y el Hijo; quien habló por medio de los profetas; y creo en una Iglesia Católica Apostólica; reconozco un bautismo para la remisión de los pecados; espero la resurrección de los muertos; y la vida del mundo venidero. Amén"