Hola, soy Lidia y quisiera transmitiros un devocional por el que el Señor me habló y consoló en un momento difícil y de preocupación en mi vida. Quisiera querido lector, amiga o hermana, te pueda hacer tanto bien y ser de tanta bendición para tu vida como lo fue para mí.
“Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió.” (2 Reyes 4: 21)
La mujer sunamita había perdido a su único hijo, el que Dios le había dado como un regalo especial. Lo sostuvo muerto en sus brazos. ¿Qué podía hacer? Tenía un cuarto consagrado donde hospedaba al profeta de Dios y este cuarto para ella significaba la presencia misma de Dios. Tomó su preciosa carga y subió allá. ¡Qué bendición es poder subir al abrigo del Altísimo y traer nuestros problemas bajo la sombra del Omnipotente! Éste es el lugar de refugio donde los cansados, indefensos y quebrantados encuentran alivio. “Y lo puso sobre la cama del varón de Dios.” Éste es un hermoso cuadro de entrega: dar nuestro problema, nuestros asuntos, nuestra vida entera a Dios. “Encomienda…confía…y Él hará.” (Salmo 37:5) Esta pobre madre enlutada estaba poniendo su carga sobre el Señor dejándola allí. Ésta es una de las cosas más difíciles de hacer: dejar nuestras cargas con el Señor después que las hemos colocado allí. “Y cerrando la puerta, se salió.” La tentación es no cerrar la puerta. Todavía vemos nuestro problema; todavía lo manejamos; volvemos a él una y otra vez; pensamos que se necesita nuestra presencia, cuando en realidad la presencia de Él es más que suficiente. Se necesita fe para “cerrar la puerta” y salir. Se necesita una confianza real para dejar que el asunto que nos perturba pase por completo de nuestras manos a las manos de Dios. Dios no puede obrar a plenitud de ninguna otra manera. ¡El grano de trigo tiene que esconderse de los ojos del hombre si es que va a llevar fruto! Esta mujer sunamita entregó su hijo muerto a Dios completamente y salió, cerrando la puerta. No es de asombrarse que pudo entonces decir cuando le preguntaron acerca de su hijo: “(Le va) bien.” No hay lugar más seguro en todo el universo para dejar a nuestros amados que en las manos de Dios. ¡No es de asombrarse que ella recibió de nuevo a su hijo resucitado! Sin duda alguna, creemos que hay muchos hijos e hijas que han sido regalos especiales de Dios que ahora están muertos en transgresiones y pecados los cuales, si los entregamos a Dios dando un paso definitivo de fe, seguramente serán restaurados y salvos. Sin duda alguna creemos también que en cada carga, prueba o preocupación, que dejamos por completo con Dios y por la cual confiamos en Él por completo, Él obrará mucho más allá de lo que pedimos o pensamos. C. H.P.
“Manantiales en el desierto”
Espero, querida hermana, que esta pequeña meditación sea de consuelo y fortaleza para tu vida; te recomiendo que leas y medites en todo el pasaje. ¡Verás cómo serás muy bendecida! Puedes contactar conmigo cuando quieras, te espero. Y a ti querida amiga que has leído estas letras, y quieres saber más sobre ese maravilloso Dios del cual hablamos, o comentar alguna cosa sobre el tema, ponte en contacto conmigo, estaré encantada de contestarte. Que Dios te Bendiga grandemente y te guíe. ¡Atrévete y sé valiente! El Señor jesús te ama y te ofrece su amor. Si tú te acercas a Él, Él se acercará a ti. Ánimo, vale la pena, amiga. Y lee la Biblia.
En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso de pie y alzó la voz, diciendo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán Ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él. (Juan 7: 37- 39a).
|
 |
|