Acudimos al VII Congreso Evangélico Español, tengo que reconocerlo, con cierto temor: ¿Estaría la asistencia a la altura de las espectativas?, ¿Cómo funcionaría la organización?, me consta que este congreso tuvo que ser preparado en un período relativamente escaso, ¿Cómo encajaría en el congreso la participación por primera vez de las Iglesias de Filadelfia?... sentía alguna curiosidad por ver cómo se desarrollaría la ponencia sobre espiritualidad que había sido asignada a nuestros hermanos gitanos.
Pronto comenzamos a saludar a hermanos que hacía mucho tiempo que no habíamos visto, años incluso y a comprovar que la asistencia era todo un éxito. Tuve el gozo de reconocer la presencia del hermano Eliseo presidiendo la ponencia de Culto y alabanza dirigida por el pastor y cantautor evangélico Marcos Vidal; hacía 34 años que nos separamos cuando Eliseo se licenció al término de su servicio militar y no habíamos coincidido nunca más.
La hermana Isabel Gimeno tuvo que presentarme a dos primas de Cartagena a las que hacía no se cuanto tiempo no veía... uno piensa que estas experiéncias por sí solas ya justifican la existencia de un congreso evangélico ¡cuánto Pueblo de Dios!, más de 2000 personas procedentes de toda España y algunas del extranjero nos hacía pensar que el concepto que tenemos de "iglesia" en algunas ocasiones es muy estrecho...
Reconozco que por naturaleza soy bastante tolerante con posibles fallos, inexactitudes o carencias cuando se trata de juzgar el trabajo de nuestros organismos evangélicos (bastante tenemos que aguantar con lo que nos viene de fuera) y prefiero entablar una crítica constructiva y a la vez correctiva y de apoyo. La organización acarreó ciertas críticas por algunos fallos organizativos, que en honor a la verdad fueron corrigiéndose. Algunas ponencias, interesantes todas, como suele suceder no sé por qué ley, llegaron a la parte más interesante cuando ya se agotaba el tiempo para intervenir.
Las predicaciones, magistrales todas desde la primera hasta la última, elevaron el espíritu y oxigenaron nuestra vida espiritual; cuánta variedad de estilos: predicadores con una exposición marcadamente académica, otros más viscerales y fogosos pero una sola y bendita Palabra de Dios llegando a nuestros corazones. Cuando Dios habla, los estilos son lo de menos, las barreras se rompen y el Espíritu nos mueve a la adoración.
El VII Congreso Evangélico Español quiso ser el de la unidad, ¡¡bendita unidad!! que busca la misma fe de Cristo y la sumisión a la Palabra de Dios. ¡¡Bendita unidad!! si se apoya en la tolerancia y el respeto hacia las diferencias étnico-culturales y nos une en Cristo. Así lo esperamos.
J.Francisco Mega Oria